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Prólogo

06 Jul 15
Manuel Peiteado
Me llamo Doménico Aspartana, soy licenciado en Filosofía y Letras. Nací en la ciudad de Toledo allá por 1950 y libremente quiero confesar todos los crímenes que he cometido y que hasta ahora la policía no ha sabido resolver.
Al principio los ejecutaba como un acto de justicia en defensa de aquellos que sufren la opresión del cobarde que cree tener el máximo poder. Eran fortuitos y toscos, típicos de un inexperto. Luego evolucionaron, los perfeccioné y, como si de un juego de Dios se tratase, sólo por pequeños detalles, los mataba.
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Así comienza una historia escrita desde el corazón del autor, con una fina y desbordante imaginación que lleva al lector a las oscuras cavidades de las entrañas de su protagonista. Con esta obra se pretende mostrar la otra vida de un psicópata asesino; sus sentimientos, su forma de amar, sus tórridas relaciones sexuales que lo convertirán en todo un “personaje”, unas veces tierno y romántico, otras juez y verdugo despiadado, en aquellos casos que pueden quedar impunes ante la ley.
En una época, en la que coletean retazos de la posguerra, reflejados en retratos de personajes avalados por el imperio heredado de oscuras logias anónimas, que se debatían entre luchas de poder y vicios ocultos y que convivían en la más absoluta impunidad.
En este caos el estado policial siempre está latente y camina en el borde de la ilegalidad. La soledad de Doménico, su inteligencia enfermiza, la lucha interior que le hace debatirse entre el amor y el resentimiento nos mostrará sus más bajas pasiones sembrando la duda en el lector sobre el bien y el mal.
Su infancia, marcada por el desafecto equívoco hacia su padre y el respeto compasivo hacia su madre, lo convertirá en un hombre frío, calculador, y carente de empatía hacia el sufrimiento de sus víctimas. Personaje complejo, sus continuos contrastes y pasiones inconfesables desembocan en esta novela negra, que implicará al lector en una vorágine con desenlace inesperado.
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Pero lo mejor, para que se entienda por qué lo hice, será contarlo desde el inicio, desde el mismo día en que uno tiene eso que se llama conciencia.